Hace mucho tiempo, antes de que las aldeas se extendieran por la tierra, Nzambi descendió a la tierra por medio de un arco iris. Se instaló cerca de un río y miró el arbusto vacío. El lugar le agradó, pero se sintió inacabado, así que lo llenó de árboles, animales, aves y las huellas de la vida. Aún así quería algo más. Por fin dio forma al primer hombre y mujer y les dio su bendición: casarse, tener hijos, y llenar la tierra.
La primera pareja obedeció. Sus hijos tienen hijos, y el número de personas crece hasta que un asentamiento ya no puede retenerlos. Las familias se mudaron a nuevos lugares, pero cuanto más gente se multiplicaba, más peleas se multiplicaron con ellos. Los ancianos vinieron antes de Nzambi y preguntaron qué ofrenda o regla restauraría el equilibrio. Prometieron que nada importaba más que su voluntad.
Nzambi vio que su generosa bendición también había traído multitudes, luchas y rivalidad. Él respondió con una ley. Desde entonces, cualquier persona que durmiera mientras la luna caminara por el cielo sería reclamada por la muerte. Su espíritu sería devuelto del cuerpo.
La gente estaba asustada, pero también eran inteligentes. Cazaban y vigilaban la noche, y luego descansaban de día. Por un tiempo, nadie murió. Pero había un anciano cuyos ojos se habían debilitado. En las noches nubladas ya no podía decir si la luna estaba fuera. Su gente le advirtió durante muchas temporadas, hasta que una noche se fueron a una ceremonia lejana y lo dejaron solo.
Las nubes cubrieron la luna. Creyendo que aún era día, el viejo se acostó y durmió. No volvió a despertar. A partir de esa noche, la muerte encontró un camino hacia la vida humana. Algunos murieron en el sueño, algunos por enfermedad, algunos sin advertencia. Y la gente recordó la vieja ley de la luna.
# Moral / Significado
La vida requiere equilibrio. Una bendición sin límites puede convertirse en una carga, e incluso una pequeña ruptura en el orden sagrado puede cambiar el mundo.



